31.5.06

PORQUE...


...porque no puedo vivir sin ella.
...porque nací para ella.
...porque me llena.
...porque me serena.

Solo por ella y el arte.

Yo

PD: Y no es Elia....es Eshhhhaa

28.5.06

DELIRIO

Eran las tres de la mañana y aún no habías regresado. No paraba de mirar el despertador… en tres horas me tendría que levantar, y a lo mejor no te veía. Se me caen los ojos. Ha sido un duro día de trabajo y estoy machacada. Los parpados me pesan horrores y no consigo, por más que quiera, mantenerlos abiertos.

Sé que hasta hace un momento estaba dormida, pero me despiertan… me despiertan unos besos. Cálidos, juguetones, que me buscan, y que me encuentran. Besos que comienzan en mis manos, que suben por mis brazos, y se detienen en mis pechos, como llamados por una corriente indescriptible. Noto que suben, que se vuelven a detener, esta vez en mi cuello, se establecen en mis oídos, y alguien me dice;

- Buenas noches mi amor.

Silencio. Sé que callo porque no articulo ninguna palabra. Porque la excitación es tanta, que me ha paralizado el cuerpo.

- El placer está en marcha – me dices con esa dulce y extenuante voz.
- Lo sé mi amor, y no pares.

Tus manos ya rozan mi sexo cuando yo, sin cesar de besarte, busco tus pechos. Escalo poco a poco la escalera del cielo cuando quiero poseerte, cuando siento que debo ser yo la que te de placer.

Y te doy la vuelta, te desnudo con la mirada, y mi boca te quita suavemente la ropa. Mi lengua recorre todos tus rincones, comenzando por el que sé es el éxtasis, tu punto débil. Tu sexo me llama y yo respondo. Tus piernas se abren, me dejan paso libre. Te abrazo las piernas mientras mi lengua juguetea con tu sexo. Me pides más. Tus manos agarran alternativamente mi cabeza y las sábanas para rogarme que no pare, queriendo que ese instante dure para siempre. Tus piernas, tus manos, tu cuerpo… se rinden.

Subo lentamente besándote. Llego a tu tripa, tensa de placer, subo a tus pechos y los beso. Me paro en ellos. Sabes que me vuelven loca y tú tocas mi pelo. De mientras, bajo mi mano y persigo tus piernas, las cuales sin querer o queriendo me guían al lugar idóneo para ellas. Te acarició el sexo y vuelvo a hacerte el amor, mientras tú, intentas mandar, mientras me suspiras que me amas. Mis manos danzan sobre él, y éste responde besándolas. Deliras de placer y me encanta.

Decido besar tu cuello mientras tú, sumisa como nunca antes estuviste, te dejas hacer. Te coloco boca abajo. Adoro tu cuerpo y te lo hago saber con mis besos. Bajo hasta tus pies. Los beso. Te beso las piernas, con grandes besos sensuales.

Apoyo mi cuerpo en ti y poco a poco, con el roce de mis pechos sobre tu cuerpo voy subiendo, mientras un soplo de aire toca tu piel. Me apoyo totalmente en ti cuando llego a tu nuca. Te agarro de las manos y te susurro que te quiero. Mi lengua lame tu espalda. Mi lengua lame tu cuello y tú deliras. Mi mano se desliza por tu cuerpo desnudo y busca darte placer. Llega a tu sexo. Lo baila. Lo enloquece, y mi lengua, juega con tu oreja.

Suavemente, y sin parar de hacerte el amor, te doy la vuelta. Mis labios se encuentran con los tuyos y te beso suavemente. Paro y rozo tus labios con los míos. Vuelvo a besarte. Una y otra vez, muy suavemente. Y finalmente te abrazo, muy muy fuerte y cuando hundo mi cabeza en tu cuello, le grito a todo tu ser que te amo.

18.5.06

UN SUSPIRO Y MIL LATIDOS I

Por ti.
Recuerdo haberte visto en la fiesta como una sombra que camina vagabunda por la noche, buscando un sitio donde asentarse. Recuerdo que nuestras miradas se cruzaron fugaz y eternamente. Recuerdo lo que le dije a mi compañera de piso:

- ¿Has visto a esa mujer?
- Si, claro. La invité yo.
- Si pudiera hablar con ella…
- Puedes, ¿Te la presento?

Tras esas palabras mis latidos se aceleraron y supe que no podría hacerlo. Ella era demasiado para mí. Yo era demasiado poco para ella.

- No, déjalo, no importa.
- ¿Seguro? Es una chica encantadora…
- Si lo sé.
- ¿Lo sabes? Pero si no la conocías…
- Pero lo sé.

La cara de sorpresa de mi amiga cambió, tal vez, al comprender qué era lo que se pasaba por mi cabeza. La última vez que vi su imagen se dirigía a la sala, donde sabía Ella estaba.

Me senté en el sofá. La música sonaba alta. La gente bailaba abducida por el ritmo de esas canciones pegadizas de verano que no soporto. Mis ojos la buscan, constantemente, en los ratos en los que no quedo absorta por su imagen, ésa en la que salía iluminada, cegándome los ojos, insistiendo en mirarla.

Veo a mi compañera de piso pasando delante de mí con una sonrisa extraña. Me mira, la miro, y se va corriendo. Algo prepara. Algo trama. Decido seguirla. Se mete en una habitación. Sale, y se mete en otra. Y de repente, alguien por detrás, con un pañuelo negro me tapa los ojos. Dos personas, hasta donde alcanza mi percepción me guían a lo que yo supongo una habitación. El ruido prácticamente desaparece, y alguien me susurra unas instrucciones al oído.

- Dentro de estas cuatro paredes reside el amor de tu vida. El mapa del laberinto que tienes delante sólo lo puedes ver a través de tu corazón. Encuentra el camino. Os estáis esperando.
- ¿Es Ella?
- Sois las dos. Y recuerda. No podéis quitaros los pañuelos.


Oigo la puerta cerrarse y el silencio se desprende de cada paso que doy, de cada paso que Ella da. Siento su olor, su respiración. Mi pulso se acelera y deseo encontrarla ya.
Por impulso extiendo un brazo y por un segundo la rozo. Mi cuerpo se estremece y mi piel agoniza. Un paso al frente y…

Ahí está.

Ella me agarra la mano y me acerca a su cuerpo. La agarro de la cintura. Me tiene dominada. Su respiración entrecortada se adhiere a mi cuello y a todo mi ser.
No puedo hablar. Ella tampoco. Lo noto, lo percibo. La conexión existente nos arrebata el sentido común y nos entregamos.

Giro la cabeza, me encuentro con su boca y comienzo a besarla tiernamente, despacio, saboreando sus labios como si no pudiera besarlos nunca más, como un placer prohibido triplemente atractivo sólo por serlo. Me toma la cara, le tomo la espalda y suavemente bailamos al son de esos violines que predicen lo que durará eternamente. Sus besos saben a gloria y a agua fresca. Ricos. Sabrosos. Pequeños y eternos en todo su esplendor.

No quiero dejar de besarla y ella me hace saber que tampoco cuando poco a poco me acaricia más y más. Sus manos son hielo sobre fuego. Me derriten, me apaciguan y me vuelven a encender. La continuidad de sus besos me transporta a una cama, sobre la que la siento y la desnudo. Aún sin poder ver me imagino su cuerpo brillante sobre sábanas de seda. Me imagino su cuerpo resbaladizo buscando el mío, impaciente éste por entregarse a ella.

Sin quitarnos el pañuelo, buscamos impacientes, un lugar en el que refugiar nuestras ganas. Y encontramos tras los besos una cama, fría, destinada a nosotras.

Nuestro deseo, nuestro amor, o lo que aquello fuera nos dominaba sobremanera, y nuestras almas guiaban nuestros movimientos. Sin parar de besarnos nos tumbamos lentamente, saboreando de la acción en el que consideramos es centro de la cama.

Los besos, incesantes, me aportan la vitalidad necesaria para sacar valor e ir desnudándola. Examino su camisa. Y ella, examina la mía. Se coloca encima mío y con un ligero movimiento, casi imperceptible, me levanta y me arranca la camisa sin dañarla, sin dañarme. Sin parar de besarme. Le desato el pantalón, y le quito la camisa. Pero me adelanto a sus deseos y le desabrocho el sujetador. Se enfada. Se excita, y vuelve a dominarme. Me agarra las dos manos con una suya. Me tumba en la cama y recorre mi cuello, mis pechos y mi tripa hasta llegar al límite del placer, que se encuentra oculto. Y todo con tal suavidad que quedo desnuda ante ella entregada a su dulzura, loca por ella.

Quiero ser suya y ella quiere ser mía. Lleva mis manos a su cintura y hace que la desnude, que la acaricie, sin perder ni un segundo de su boca.


La tumbo y me tumbo a su lado. No la quiero perder de mi lado. Nos amamos en la oscuridad de nuestros sentimientos, tras ese pañuelo que no hace sino acentuar nuestro deseo. La poseo y ella me posee, y nuestros labios se aman como si de su primer encuentro se tratase.

Nuestros cuerpos crean su propio lenguaje, unidos por un lazo invisible que no podremos romper, que espero, no queramos destruir.

- Eres maravillosa- acierto a decirle justo antes de dormirme en sus labios.
- Tú eres algo más.
- ¿Qué es lo que soy?- le pregunto mientras suplico un beso.
- Eres el amor de mi vida.