2 Become 1
Ella era algo especial. Había estado siempre ahí, sin exigirme nada, sin pedir nada a cambio, al menos, en una superficie visible. Ella era mi otro yo, la mitad de algo que no hacía más que complementarme, que llenarme de vida y de amor. La necesitaba, me necesitaba. Todo fue increíble hasta que…
Hasta que me di cuenta que sólo éramos dos. Que en ningún momento, salvo en ocasiones muy puntuales, habíamos sido una. Y en el amor, necesariamente, se ha de ser siempre una o al menos tener la visión de poderlo ser. Una en la cama, una en la vida diaria, una al pensar y una al responder. Una frente a todos, donde nuestros nombres se confundan como los colores del arco iris tras la lluvia y el reflejo del sol. Una en todo y para todo. Porque así ha de ser.
Y ella y yo siempre éramos ella y yo, con conjunción por en medio, separables. Y ya siempre sería así. Sí, era una pena, una verdadera lástima, pero sé que siendo dos podíamos ser también grandes. En otro plano, en otra visión.
El amor está a ala vuelta de la esquina, y siempre terminamos dando la vuelta a esa esquina.
Hasta que me di cuenta que sólo éramos dos. Que en ningún momento, salvo en ocasiones muy puntuales, habíamos sido una. Y en el amor, necesariamente, se ha de ser siempre una o al menos tener la visión de poderlo ser. Una en la cama, una en la vida diaria, una al pensar y una al responder. Una frente a todos, donde nuestros nombres se confundan como los colores del arco iris tras la lluvia y el reflejo del sol. Una en todo y para todo. Porque así ha de ser.
Y ella y yo siempre éramos ella y yo, con conjunción por en medio, separables. Y ya siempre sería así. Sí, era una pena, una verdadera lástima, pero sé que siendo dos podíamos ser también grandes. En otro plano, en otra visión.
El amor está a ala vuelta de la esquina, y siempre terminamos dando la vuelta a esa esquina.

