4.6.06

FACTOR VISIÓN

Cuando la realidad supera a la ficción, ¿¿o era al revés?? En realidad el orden de los factores no altera el producto.

La cuestión es simple. Estás dormida, o al menos eso crees. Sueñas que estás en un avión, y de repente, te sueltan al vacío, con un paracaídas y una mochila. Y ahí te las arregles, allá donde caigas y como caigas…

Miras a tu alrededor, desde esa altura que a cualquiera le pondría nerviosa, y sólo ves islas y agua, muchas agua. Parece que todos los océanos se hubiesen juntado ahí por y para ti.

Tras unos pocos minutos que parecen una eternidad llegas a tierra firme y a su límite, porque te posas en la ladera de una montaña. Un paso más y vuelves a caer al vacío.

Estás desconcertada. No puedes pensar con claridad. Un peso enorme te tira por la espalda, y el esfuerzo, sumado al terrible calor que emana ese astro que parece abrazarte te están sumiendo en el mayor de los cansancios.

Lo primero de lo que te das cuenta es de que tienes que quitarte ese peso terrible de encima, porque quieres bajar abajo y sabes que sino no podrás. Pero, mientras lo intentas, te das cuenta que no puedes soltártelo. Que todo está demasiado duro y que ni con el mayor de los esfuerzos lo lograrías. Tienes que bajar con ello.

Reúnes fuerzas, las pocas que te quedan, y emprendes el camino hacia abajo. Te cuesta mucho. Es como un laberinto, muy en bajada, con muchas piedras. Te tropiezas, suerte que no te has caído. Sigues andando muy dificultosamente. Vuelves a tropezarte. Te caes y una piedra muy afilada te causa una herida por la que empiezas a sangrar mucho.

Haces algo que hasta entonces no se te había ocurrido. Abres la mochila que tienes pegada a tu pecho. Podría tener algo con que tapar la herida, e incluso algo con lo que lograr quitarte ese peso. Miras hacia su interior, hay ropa, una navaja. Una botella de agua y algo de comida. Sacas una de las camisetas y te la atas en la pierna, ahí donde la sangre dibujada elementos abstractos.

Decides seguir adelante, no quieres que la noche te pille ahí metida.

Una hora.
Dos horas.
Media hora más y llegas.

Tocas por fin la arena y sacas tan rápido como puedes el agua. Bebes sin parar, lo necesitabas. Pero no piensas en que tal vez te cueste encontrar más. Pero en ese momento no estás para pensar en eso. No estás para nada más que para salir de allí.

El peso pegado a tu espalda cada vez te pesa más, y empieza a dolerte no sólo la espalda, sino también todo el cuerpo.

El sol empieza a nublarte la vista. Buscas sombra. Te giras del todo. No hay nada. Gritas. Nadie te oye. Luchas con el resto de tus fuerzas por quitarte ese peso, ése que te está matando, mientras lloras de la impotencia. Y piensas, ¿cómo he llegado yo aquí?
Te duele la pierna horrores. Te tiras en la arena. No puedes más. Y sé lo haces saber a toda la isla. A los árboles, a la arena, a la ola que parece se acerca y desaparece en la orilla, a esas palmeras que podrían alimentarte. Sabes que cualquiera que te vea podría pensar que estás muerta. No mueves ni el más mínimo centímetro de tu cuerpo.

Una hora.
Dos horas.
Tres horas.
Un día entero, y te despiertas.

El sol te abrasa tu piel blanca. Te recuestas. Miras a tu alrededor. Por primera vez te percatas que es realmente bello.

Notas la boca seca, pastosa. Bebes un poco de agua, y esta vez sí, controlas. Te miras la pierna, retiras por un momento la camiseta y ves que ha dejado de sangrar. Pero está muy hinchada. Le echas un poco de agua y parece que te lo agradece. Piensas en lo que eras y en lo que tenías antes de llegar a ese lugar. Lo echas de menos. Estabas llena. Estabas plena.

Te quedas, por no más de cinco minutos, mirando la mochila. Vuelves a mirar dentro. ¿Hay exactamente lo mismo? Parece que sí, pero no. Te ha parecido ver un pequeño bolsillo, escondido tras una camiseta. Ansiosamente sacas todo de dentro y…

Ahí está. Un pequeño bolsillo. No tardas en abrirlo y descubres una llave. ¿Una llave? Si. Instintivamente te mitas el cuerpo. Un candado. ¿Cómo no lo has podido ver antes?
Porque hay veces que estamos tan cerrados, tan en lo nuestro, que no vemos lo evidente.

Donde menos te lo esperas, y cuando menos te lo esperas, hay una salida delante de ti, y encuentras la respuesta a esa pregunta que te viene atormentando tanto tiempo.

Así me siento yo cuando tengo que tomar una dura decisión, cuando casi toda mi vida está en juego.

En lo más pequeño, se encuentra lo más grande.

4 Comments:

Blogger Artte said...

yo soy pekeña =P

05 June, 2006 04:17  
Blogger momofan said...

pequeña pero muuuuuy grande amor...

yo lo SÉ...

05 June, 2006 04:20  
Anonymous Anonymous said...

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03 July, 2006 10:04  
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20 July, 2006 22:32  

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