YOU.DOC
Y las largas horas se hacen aún más largas, estrechas e imposibles. Y la pesadilla de encontrarme en un cuarto oscuro, sin salida, se hace pequeña y domable al lado de la que ahora me atormenta.
Espero, y mientras no tardes mucho podré esperarte toda la vida, y mientras lo hago intento leer, pero no puedo, las letras forman constantemente tu nombre, la cubierta del libro ya no tiene un arco iris, la pantalla … bueno, la pantalla se me hace distante, y tú, tú, estás desaparecida.
Me dejaste aquí en tu cama, al abrigo de estas sábanas de seda que vieron, a lo largo de la noche, lo que nadie antes se atrevió mirar. Te fuiste porque tenías que irte, “algo importante” me dijiste en el intento absurdo de convencerme.
- No te preocupes, volveré, como el sol siempre vuelve cuando su ex amante se va.
Tus últimas palabras, y tu último vistazo rápido hacia ese cuerpo desnudo que dejabas en tu refugio. No hubo beso de despedida, no hubo abrazo caluroso que gritase en silencio “te echaré de menos”. No hubo nada. Y la nada sigue aquí.
Rememoro una y otra vez lo que pasó anoche. Tú, tan excitada, rogando que no parase jamás. Besé tu cuello, lamí tus pechos e hice un viaje hermoso por todo tu cuerpo. Y tú no dejabas de pedir más. Nuestras manos, curiosas, bailaban al ritmo que los dedos les marcaban. Tu boca, insaciante, me pedía besos que a cada milésima de segundo te proporcionaba. Tu piel mojada expandía tu olor que se mezclaba una y otra vez con el de la pasión, de la lujuria, del morbo. Mis labios, ansiosos por conocer los tuyos, danzaban por tus mulos y se alimentaban de tu ser, y tú, al tiempo, entregada, sumisa.
Anoche, tú me conociste mejor que nadie. Y anoche, yo te descubrí, en todo tu esplendor, bajo la luz de la luna. Y nuestras sombras, proyectadas por toda la habitación gracias al poder de la luna, se ruborizaban.
Tus palabras luego que nuestros cuerpos hallaron la calma fueron;
- Eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.
Te apoyabas sobre mi pecho, y te reías, simplemente te reías. Y cuando me levantaba para ir al balcón a fumar, tú venías corriendo a abrazándome por detrás, calmabas mi frío. Tu respiración se sentía tan deliciosa …
¿Y ahora qué? Te has ido y no sé cuándo volverás. ¿Me mentías ayer cuando me decías que me querías antes de que tus sueños te atrapasen por horas?
Siento tu cama fría, reacia a mi presencia y molesta por tu huida.
Silencio. Ruido. Puerta. Llaves. Voz. Pisadas. Más pisadas. Otra puerta. Yo. Tú.
- Quiero hablar contigo – me alcanzas a decir entre un mar de lágrimas.
- Habla – respondo en un tono antipático.
- Sé que estás molesta, porque me he ido, pero hay una explicación.
- Dijiste que era algo importante.
- Y lo era, verás …
(Yo callo, esperando su continuación.)
- Tuve mucho miedo. Lo de anoche … Significó mucho para mí y bueno, hacía mucho que no lo sentía.
- Y, ¿qué es lo que no sentías? – la interrumpo de mala manera.
- La comodidad, la seguridad, el amor.
- ¿Sentiste amor por mí?
- Sí, y por eso huí. Sentí miedo al rechazo y sabes que ella … ella … ¿sabes de quién te hablo verdad?
- Si, claro que lo sé.
- Me hizo mucho daño y no quiero volver a pasar por lo mismo.
- ¿Entonces por qué has vuelto?
- Porque yo quiero contigo todo.
Abrazo. Lágrimas. Beso. Beso. Beso. Te quiero. Te quiero. Beso.
Pero de repente …
Ruido. Puerta. Llaves. Pisadas. Pisadas rápidas. Y una mujer en la puerta, con una rosa blanca, mi favorita, en la mano y una frase por decir entre sus labios, los que me dan la vida y los que me la estaban quitando.
- Contigo, yo, contigo yo quiero todo.
Me levanto, la abrazo. Me da el beso más rico y yo, no la suelto.
- Casi no has tardado.
- No podía estar sin ti.
Nos tumbamos en la cama y siento, que por fin, puede ser mía.
- ¿Qué hacías? – me pregunta mirando las hojas de papel blanco con líneas azules que asemejan ser líneas dentro de párrafos, dentro de tonterías de ficción.
- Escribía una historia de ficción que creo ya no lo es tanto – le dijo alternando mi mirada entre ella y esas hojas.
- ¿A si? ¿Y tiene buen final?
Por segundos que parecen siglos quedo eclipsada por esa sonrisa que bien podría alumbrar el planeta.
- El mejor.
Espero, y mientras no tardes mucho podré esperarte toda la vida, y mientras lo hago intento leer, pero no puedo, las letras forman constantemente tu nombre, la cubierta del libro ya no tiene un arco iris, la pantalla … bueno, la pantalla se me hace distante, y tú, tú, estás desaparecida.
Me dejaste aquí en tu cama, al abrigo de estas sábanas de seda que vieron, a lo largo de la noche, lo que nadie antes se atrevió mirar. Te fuiste porque tenías que irte, “algo importante” me dijiste en el intento absurdo de convencerme.
- No te preocupes, volveré, como el sol siempre vuelve cuando su ex amante se va.
Tus últimas palabras, y tu último vistazo rápido hacia ese cuerpo desnudo que dejabas en tu refugio. No hubo beso de despedida, no hubo abrazo caluroso que gritase en silencio “te echaré de menos”. No hubo nada. Y la nada sigue aquí.
Rememoro una y otra vez lo que pasó anoche. Tú, tan excitada, rogando que no parase jamás. Besé tu cuello, lamí tus pechos e hice un viaje hermoso por todo tu cuerpo. Y tú no dejabas de pedir más. Nuestras manos, curiosas, bailaban al ritmo que los dedos les marcaban. Tu boca, insaciante, me pedía besos que a cada milésima de segundo te proporcionaba. Tu piel mojada expandía tu olor que se mezclaba una y otra vez con el de la pasión, de la lujuria, del morbo. Mis labios, ansiosos por conocer los tuyos, danzaban por tus mulos y se alimentaban de tu ser, y tú, al tiempo, entregada, sumisa.
Anoche, tú me conociste mejor que nadie. Y anoche, yo te descubrí, en todo tu esplendor, bajo la luz de la luna. Y nuestras sombras, proyectadas por toda la habitación gracias al poder de la luna, se ruborizaban.
Tus palabras luego que nuestros cuerpos hallaron la calma fueron;
- Eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.
Te apoyabas sobre mi pecho, y te reías, simplemente te reías. Y cuando me levantaba para ir al balcón a fumar, tú venías corriendo a abrazándome por detrás, calmabas mi frío. Tu respiración se sentía tan deliciosa …
¿Y ahora qué? Te has ido y no sé cuándo volverás. ¿Me mentías ayer cuando me decías que me querías antes de que tus sueños te atrapasen por horas?
Siento tu cama fría, reacia a mi presencia y molesta por tu huida.
Silencio. Ruido. Puerta. Llaves. Voz. Pisadas. Más pisadas. Otra puerta. Yo. Tú.
- Quiero hablar contigo – me alcanzas a decir entre un mar de lágrimas.
- Habla – respondo en un tono antipático.
- Sé que estás molesta, porque me he ido, pero hay una explicación.
- Dijiste que era algo importante.
- Y lo era, verás …
(Yo callo, esperando su continuación.)
- Tuve mucho miedo. Lo de anoche … Significó mucho para mí y bueno, hacía mucho que no lo sentía.
- Y, ¿qué es lo que no sentías? – la interrumpo de mala manera.
- La comodidad, la seguridad, el amor.
- ¿Sentiste amor por mí?
- Sí, y por eso huí. Sentí miedo al rechazo y sabes que ella … ella … ¿sabes de quién te hablo verdad?
- Si, claro que lo sé.
- Me hizo mucho daño y no quiero volver a pasar por lo mismo.
- ¿Entonces por qué has vuelto?
- Porque yo quiero contigo todo.
Abrazo. Lágrimas. Beso. Beso. Beso. Te quiero. Te quiero. Beso.
Pero de repente …
Ruido. Puerta. Llaves. Pisadas. Pisadas rápidas. Y una mujer en la puerta, con una rosa blanca, mi favorita, en la mano y una frase por decir entre sus labios, los que me dan la vida y los que me la estaban quitando.
- Contigo, yo, contigo yo quiero todo.
Me levanto, la abrazo. Me da el beso más rico y yo, no la suelto.
- Casi no has tardado.
- No podía estar sin ti.
Nos tumbamos en la cama y siento, que por fin, puede ser mía.
- ¿Qué hacías? – me pregunta mirando las hojas de papel blanco con líneas azules que asemejan ser líneas dentro de párrafos, dentro de tonterías de ficción.
- Escribía una historia de ficción que creo ya no lo es tanto – le dijo alternando mi mirada entre ella y esas hojas.
- ¿A si? ¿Y tiene buen final?
Por segundos que parecen siglos quedo eclipsada por esa sonrisa que bien podría alumbrar el planeta.
- El mejor.

Que gracioso.
Yo también volví, pero sin rosas blancas, no pueden gustarme las rosas con la locura que a todas las otras.
Muy bueno.
Me gustó ese pasar entre la ficción y la rosa blanca.