23.4.06

TRAS ELLA

Y tras esa pequeña ventana de cristal, que tantas cosas oculta, la noche se ve increíble. El mundo, minúsculo en su interior desvela sus secretos y nada fue oscuro hasta que no se tornó claro.

Las luces se apagan, y el silencio es penetrante, hasta que el ave destapa sus conversaciones sin saber ni cómo ni con quién. Cualquier sonido es mágico, rompe la llave del candado. Las luces proyectan sombras y en ellas, aunque no estés aquí, estás.

El aire frío se adhiere a tu fina lámina de piel perfumada haciéndose eco de que tú le perteneces si te muestras en su camino.


No hay movimiento, la quietud reina bajo el reinado de la reina nocturna. La luna, desde arriba, nos vigila y nos alumbra, se esconde a ratos y nos duerme con sus dulces nanas. Un barco llega, y se lo hace saber al faro. Una luz. Dos luces. Tres y oscuridad.

Enciendo, temblando, un cigarrillo. Su luz parece alumbrar a los sorprendidos edificios que, cautivados, copian su imagen en sus cristales.

Todo aumenta a pasos agigantados, sin poderlo parar, y la oscuridad, el silencio, el frío … y la luna, se aleja, se va alejando. La carretera a mis pies, parece no tener rumbo fijo.

Siento, metida de lleno en la paz del silencio, que si la noche cae, yo caería a su vera.

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